Investigadores de la Universidad de Arkansas encontraron durante un estudio de 13 semanas que aquellas personas que mantuvieron registros detallados de lo que comieron, perdieron 3.5 libras más que las que pudieron perder aquellas personas que no llevaban ese registro. La razón fue que ese registro les ayudó a estimar con cierta precisión sus tamaños de porción de tal manera que ellos solo comían lo suficiente que les permitiera bajar de peso.
Come las comidas principales o los bocadillos cada dos a cuatro horas. Omitir las comidas no te ayudará a perder peso, e incluso puede ser perjudicial para alcanzar este objetivo. Los alimentos proporcionan la energía que el cuerpo necesita, por lo que estar mucho tiempo en ayunas puede causar cansancio, reduciendo tu nivel de actividad. Además, esta falta de nutrientes hará que el cerebro precise un alimento rico en calorías y azúcares para recuperar las energías rápidamente. Por lo tanto, en vez de pasar hambre, planifica comidas saludables en intervalos regulares.[3]
Evita las secciones del supermercado donde estén los alimentos más calóricos y tentadores. Lo mejor es limitarte al perímetro del mercado, que es donde suelen estar los alimentos frescos. Sin embargo, cuando realmente precises pasar por esta zona, aléjate de los elementos “enemigos”, como los dulces y los refrescos. Como dice el refrán, “Ojos que no ven, corazón que no siente”.[9]
Sé realista en cuanto al tipo de ejercicio que puedas realizar al iniciar un programa nuevo. Si no tienes experiencia en el mundo de la actividad física, es poco probable que puedas esforzarte demasiado o entrenar durante mucho tiempo. Sin embargo, no es necesario realizar demasiado ejercicio para obtener resultados. Escoge una actividad que no presente muchas complicaciones, e incrementa la intensidad de manera gradual.[16]
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